Hay palabras que
estremecen y tiritan
que, con sus letras,
rozan los sentidos
y te remueven si se
deletrean.
Sacudidas imprevistas
con vistas
terciopelo acariciando
tu cuello,
balanceo rítmico de
tormentas.
Palabras que dejan
sabores en tu boca;
vainilla, regaliz y
albahaca.
en tu paladar una hoja
de hierbabuena.
Sabores amargos,
sabores agrios,
sensación picante que
quema tus labios
de rojo se pintan a
grandes bocados.
Te chirrían los
dientes con las insultantes
palabras que gritan en
lugar de sonar
como las disputas de
jóvenes amantes.
Cumplidos sentidos,
tímidos en tu voz,
sílabas frágiles , a
menudo contenidas,
frases a medias en
antros paganos.
Palabras brillantes que
nublan la vista
con diamantes sin pulir
y una amatista.
Otras que transportan a
mi horizonte,
que te hacen vibrar a
mitad de viaje.
Unas que enseñan las
formas de mirar,
que abren los ojos;
por humo cegados,
los campos, el cielo,
las olas estallar.
ocres como el heno,
suaves como el ámbar,
que vierten sus aguas y
otras transparencias
perduran, invasoras
hasta embriagar.
Como susurros de gloria
triunfante,
inundan tu espacio de
denso silencio
los rincones de tu piel
del color del arte.
Bohemias, nómadas que
parten al alba,
símbolos que subsisten
en la memoria;
Almizcle, madera,
incienso o hierba.
Murmullos profundos,
aromas triviales
que envuelven,
sedientos, tus labios sensuales.
Sin ellas, sin tu voz,
abrasan, efusivas...
Sonidos que saben
abrirte los ojos
para llenar tu mente de
temblores amargos,
palabras que oprimen,
otras que aprisionan,
muchas que animan, que
extrañan, que aman.
Sin ellas, sin tu voz
se pierden, ociosas.
2 de Junio 2012
